¿Por qué lo llaman “Techo De Gasto”  cuando lo que se esconde en el laberinto de sus circunloquios es un eufemismo para vestir mentirosamente como necesario e irremediable la palabra “Recortes”?. ¿Pero son realmente necesarios e irremediables esos recortes? La respuesta es sencilla. ¡NO!

El “Techo De Gasto” es un instrumento que surge como consecuencia de la modificación del “Artículo 135 de la Constitución” que en su nueva redacción introduce en el punto 3 el siguiente texto: “Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y SU PAGO GOZARÁ DE PRIORIDAD ABSOLUTA”, de tal forma que ni el Estado ni las Comunidades Autónomas podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros

Esta reforma aprobada el 23 de agosto de 2011 fue posible con los votos de apoyo del PP, PSOE y UPN. Por la mayoría con la que resultó aprobada se “sustrajo” de someterla a referéndum para que la ciudadanía se pronunciase al respecto, con el añadido de que ningún grupo de diputad@s y senador@s solicitó, como constitucionalmente podían haber hecho, dicho referéndum.

El objetivo de este techo “teledirigido” desde Bruselas para el beneplácito y bienestar de los “grandes inversores institucionales e internacionales” (o “especuladores” para evitar eufemismos) es un perverso instrumento que pretende limitar la actuación de las administraciones en los gastos no financieros (educación, sanidad, bienestar, cultura, infraestructuras,…) para de esta forma priorizar los recursos al pago de la deuda  pública: Un “pequeño” sacrificio, en el altar del “capitalismo financiero”, de los derechos de las personas en favor de la especulación financiera internacional.

Este mismo capitalismo al que desde España se le ofrenda para 2017 un recorte de 5.000 millones de euros en el gasto público no financiero, es el que nos ha conducido a está “Gran Crisis” en la que nos encontramos inmersos desde el año 2007 cuando comenzó la crisis hipotecaria con el estallido inicial de las hipotecas “subprime” en Estados Unidos que terminaría alcanzando por simpatía a la llamada “economía global”.

Una crisis agravada con las medidas “extremistas y radicales” adoptadas por la Unión Europea para restringir el gasto e inversión pública hasta límites que han hecho necesario introducir un concepto como el de “austericidio” para entender y explicar el sufrimiento al que se ha terminando sometiendo a la economía y sobre todo y fundamentalmente, a las personas.

Pero nada es casual. Este tipo de políticas auspiciadas desde la Unión Europea al dictado del “Bundesbank” alemán no pretenden sino estabilizar el entorno “especulador” mundial a “un estado normal para el mismo” y que se caracterizará (todavía durante los próximos años si no se revierte esta situación) a un lento (prácticamente nulo) crecimiento económico con baja inflación (estanflación), exceso de capacidad productiva como consecuencia derivada de la anterior, a un desempleo crónico y a un empleo precario.

En relación con esta última definición, se observa actualmente que dentro de la población en edad de trabajar (asalariados, desempleados) ha surgido un nuevo colectivo. Si los asalariados y desempleados, en su inmensa mayoría, tienen que hacer multitud de cálculos y ejercicios de contorsionismo para poder llegar a final de  mes, el colectivo que conforma el “precariado” directamente no llega ni a final de mes, con la retribución que recibe por su trabajo, para poder satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, ropa y calzado, gasto en medicamentos, pago de suministros,…).

Vista la situación expuesta: ¿Existe alternativa a la situación en la que estamos abocados por esta línea de restricciones de gasto e inversiones públicas dictadas por los nefastos burócratas de Bruselas para priorizar a las personas en el eje de actuación de las políticas de las administraciones?. La respuesta es también sencilla: ¡SÍ!

Partiendo de la base de que la austeridad ha sido y sigue siendo perniciosa y perjudicial, el enfoque pasa irremediablemente por desarrollar desde los Estados políticas que permitan estimular la economía y dignificar la vida de las personas. Al margen de las argumentaciones macroeconómicas, la primera medida que se debería valorar y tomar en consideración es la de analizar en la historia las situaciones vividas años atrás y las medidas que se adoptaron entonces.

No es que se trate de repetir el mismo tratamiento porque los síntomas que han ocasionado esta crisis son diferentes a las vividas entonces, pero sí que se debe actuar para atajar las consecuencias para las personas, que si son similares a las padecidas por ejemplo hace más de 80 años con la Gran Depresión del 29.

Y esa actuación pasa necesariamente por una intervención de los Estados en la economía para estimularla, porque así lo requieren la situación por la que estamos atravesando y que precisa, urgentemente, cambiar el enfoque de los dictados de la Unión Europea que no han hecho más que horadar en el  bienestar y en los derechos sociales de la ciudadanía sacrificándola y poniémndola a los pies de unas minorías privilegiadas que con sus malas prácticas se encuentran en el origen de esta crisis…

Juan Castro

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