En Francia surge el movimiento “Chalecos Amarillos”, luchar contra la carestía de los combustibles por impuestos introducidos por gobierno de Macron.

Una movilización teñida de luto al fallecer una manifestante arrollada por una conductora.

Los hechos han tenido lugar en Pont-de-Beauvoisin, una pequeña localidad de Saboya, cerca de Lyon, en la región Auvernia-Ródano-Alpes, cuando la mujer que llevaba a su hija al médico, ha embestido a la multitud que cortaba la carretera, presa de los nervios.

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Unas 1.500 acciones para bloquear carreteras y gasolineras Se realizaron este sábado por toda Francia, en el primer movimiento espontáneo al que se confronta Macron.

“¿A dónde va Francia, señor Macron?” El testimonio de Jacline Mouraud, una motorista de Ploërmel (Morbihan), se ha vuelto viral: su “golpe de mueu”, publicado en Facebook el 18 de octubre, ya ha sido visto más de 5 millones de veces.

El viernes en Marsella se pedia la dimisión de Macron en una manifestación en la cual hubo numerosos heridos por las cargas policiales.

Esta protesta llega tras un año difícil para el mandatario, con múltiples manifestaciones contra su amplio plan de “transformación” de Francia, que no lograron detener su ímpetu reformador. Se suma además la baja tasa de popularidad de Macron,  por debajo del 30%, el menor nivel desde su elección en 2017.

Los “chalecos amarillos”, en cambio, cuentan con el apoyo de 73% de los franceses, según el instituto de opinión Elabe. “Un 54% de los electores de Macron apoyan o tienen simpatía por este movimiento. No es anodino”, señala Vincent Thibault

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Para el politólogo Sainte-Marie, “es una protesta más peligrosa que las anteriores porque tiene capacidad de difusión entre cuatro quintas partes de la sociedad: todos los que usan y trabajan con sus vehículos y quienes tienen ingresos modestos”.

“Emmanuel Macron tiene grandes dificultades frente al pueblo central, el francés medio, que no tiene la impresión de ser querido por Macron: encarna una forma de élite parisina, social e intelectual”, explica el experto.

El movimiento de los “chalecos amarillos”, que aúna descontento y frustración, es también “consecuencia de acusaciones, de la acumulación incesante de ciertas frases, como cuando habló de las ‘personas que no son nada'”, considera Sainte-Marie, en referencia a una de las ocurrencias habituales del presidente francés.

“Una estación de tren es un lugar en el que uno se cruza con personas que tienen éxito y con personas que no son nada”, dijo Macron en julio de 2017, generando conmoción.

El alza del precio de la gasolina no es más que un “elemento desencadenante”, señala Vincent Thibault. “El descontento es general”

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