Esta conversación que puede parecer de dos personas adultas es algo que se
repite cada tarde en muchos puntos de la geografía española entre los
adolescentes, incluso entre los de nuestra ciudad. La expansión de las casas de
apuestas tiene que ser entendido como un fenómeno que no se explica sin el
marco de la crisis de 2008 y la ausencia de propuestas de ocio y tiempo libre
alternativo en los años sucesivos que ha acabado por corromper a toda una
generación de jóvenes que han visto sus aspiraciones de ocio cubiertas
lanzando una moneda en una ruleta.

La crisis de 2008 extendió las casas de apuestas a través de la publicidad en los
espacios deportivos cómo un medio de sacar dinero en un contexto
desfavorecido. Además, se añadió un corte brusco de las políticas en juventud
que fueron las primeras en ser recortadas y sumado a la ausencia de propuestas
en años posteriores ha permitido que proliferen las casas de apuestas dentro de
nuestros barrios. En Elche, esto se vió tanto en los gobiernos de Mercedes Alonso
que fue alcaldesa entre los años 2011 y 2015, cuando se recortaron casi al límite las
partidas para jóvenes y se dieron las licencias de apertura a las casas de apuestas.
Además, los sucesivos gobiernos de PSOE y Compromís tampoco han mostrado
firmeza en condenar y en cerrar estos locales y continúan con los ojos cerrados
ante la problemática.

Los jóvenes ilicitanos, da igual cómo se mire o cómo se diga, solo tienen una
opción si quieren divertirse ,haya o no pandemia, que es esperar que les salga un
21 jugando al Black Jack. Ya sea frente a la Plaza Barcelona, frente al instituto
Carrús o en la transversal del colegio Menéndez y Pelayo; así como en muchos
otros puntos de la geografía ilicitana son las casas de apuestas las que siguen
abiertas mientras no se entiende que se hayan cerrado bibliotecas, escuelas de
verano, pistas de patinaje, salas de estudios o se les niega el espacio para realizar

actividades a asociaciones cómo Natsukaido. Todo esto condena a nuestras
jóvenes a perder su tiempo en esos antros de mala vida, desarrollando
adicciones al juego y perpetuandose en una pobreza miserable sin
posibilidades de ascenso social.

Codere y Sportium, las principales marcas de casas de apuestas, son dirigidas por
hombres ricos cómo Florentino Pérez (presidente del Real Madrid) o como Juan
Manuel Soria (exministro de energia del PP) que tienen una apuesta cobarde por
llenar zonas cómo Carrús, Plá o Altabix con sus locales. Esto exige a la sociedad
civil ilicitana, a las organizaciones de izquierdas y a las propias jóvenes una
plataforma común que sea promotora de un boicot a los locales y una
estrategia de defensa de las jóvenes que obliguen a PSOE y Compromís, a
plantar cara, anular licencias y hacer cumplir la ley de juego autonómica. La
juventud se merece unos barrios abiertos, multiculturales y libres de las casas
de apuestas y una apuesta firme por su salud emocional.

No solo hace falta una respuesta firme de la sociedad civil, sino también por parte
de las instituciones. PSOE y Compromís deben recapacitar haciendo una apuesta
por abrir espacios de ocio y por los locales autogestionados en todos los
vecindarios. Los jóvenes de barrios pobres y obreros necesitan un
ayuntamiento que haga políticas valientes que nos les convierta en hijos de la
ludopatía y les ayude a crecer con todas las herramientas, sin esa lacra.

Barrios sin casas de apuestas, con locales autogestionados, con actividades de
ocio para todas y personas creando barrio y lazos, con personas felices. En mi
mente es posible y en la de muchos jóvenes también. Ahora es tu momento,
debes decidir: ¿Con o sin casas de apuestas? Queda en tus manos.

Carlos Medina Abenza tiene 24 años. Soy historiador y profesor de educación
secundaria. Actualmente participo en Rebeldía País Valenciano.

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