Introducción: Oscar Cusano

 

Cuando encontré en una de las redes sociales este texto tan lúcido pensé
tengo que compartirlo, posee en sí mismo un análisis que ya quisiera yo que
muchos iluminados del activismo social y político se lo plantearan, pero,
¿sabes qué? son unos apáticos, no saben ni quieren leer la nueva realidad,
esa esfera de miles de entramados que llamamos realidad y que entrará en
crisis sistémica en los próximos 15 años, una crisis total y civilizatoria a partir
de la falta del setenta por ciento de la energía fósil y que de ninguna manera
puede ser reemplazada por las renovables, es simple, sólo se cumple la 2ª ley
de la termodinámica: La Entropía.
El mismo ser humano, su pensamiento ideológico ha entrado en esta fase
centrípeta, pero pocos quieren verlo, desean resucitar a los muertos para
edificar revoluciones anteriores, con realidades anteriores, pero este artículo no
se distrae, una y otra vez regresa al debate de su propia revolución, rompe el
centralismo hegemónico y eso es muy importante porque en tu vida, la cabra
siempre tira al monte, en todos los aspectos, antes de la pandemia aquí en
europa querían regresar al dos mil siete, antes de la crisis, ahora ya se
conformarían con poder ir a los bares a beberse unas birras.
Coincido con Zibecci que una parte de esa revolución debe estar
completamente dedicada a la creación de espacios de cuidados, esta idea
feminista de los cuidados abarca todo el espectro del cuidado, la comida, la
vestimenta, l@s niñ@s, ancian@s, estos espacios de libertad llevarían a las
personas iguales a tomar conciencia que el estado no está allí para
protegerlos, en América Latina el nivel de desprotección es absoluto, la
democracia es una vidriera de psicópatas narcolépsicos, que ni les interesa
hablar de otra cosa que de sus intereses y los de sus patrones, claro, la otra
américa gringa decadente, hoy ya con cien millones de desemplead@s.
Los dejo con mi desconocido camarada, no sé nada de él, pero eso está
bueno.

 

Artículo: Simón Rado

 

Hace un tiempo… Recibí una invitación, de unos “excompañeros” para
participar en una especie de “mesa de debate” para la construcción de un
“Frente Anti-Imperialista de Liberación”, o algo así. Cosa que me sonó a “nuevo
experimento Nac and Pop”. Un tipo de licuado de fruta con verdura, leche
descremada, y brillantina.
El “populismo” de la mano de la burguesía, como no podría ser de otra forma, y
su capacidad de insistir, de intentar a toda costa cooptar a los diferentes
espacios de organización y de expresión popular me tiene la vida a cuadritos.
Cuando teníamos entendido que en américa del sur a los “movimientos de
liberación” y a los “frentes de liberación” ya los “habíamos” superado,
sobretodo después de los 90 y , de los resultados finales, entendimos las
consecuencias y el posterior fracaso de las “revoluciones” salvadoreña y
sandinista por ejemplo, conducidas por el FMLN y el FSLN respectivamente.
Para lo único que sirvieron estos FL fue para que las “políticas del
imperialismo” infiltradas en el movimiento de masa arrastraron a los pueblos a
hacia un callejón sin salida, y que a partir de ahí sólo comenzaron a
recomponer su poder en momentos en que las llamadas “burguesías locales”
u “oligarquías terratenientes”, se encontraban atravesando tremendas crisis
estructurales o de dominación.
Los que revindicábamos los proyectos revolucionarios de los 70, 80, 90, y
tuvimos la oportunidad de formar parte de la estructura político-burocrática de
algún partido marxista-leninista como por ejemplo el PRT, venimos curado de
espanto sobre el fracaso de los pueblos en los ML y los FL . Ya lo “habíamos”
experimentado con el FAS y el MODEPA.
En la mayoría de los casos estos frentes que no son más que “acuerdos”
(acuerdos sin acuerdo de principios porque en la mayoría de las veces las condiciones son impuestas por “el enemigo”, son conducidos por alguna que
otra fracción de la burguesía hacia la derrota total de la clase obrera.
Ahora lo que no puedo entender es como algunos ex-compañeros insistan
tanto hoy en la consigna; “por un GOBIERNO de los trabajadores·. Por lo
menos antes la lucha era “por el PODER obrero y popular” y “por la revolución
obrera latinoamericana y socialista”.
Ya ni siquiera piensan en “la toma del poder” como posibilidad, y mucho
menos para destruirlo.
Las derrotas políticas, militares, e ideológicas que padecieron nuestros pueblos
latinoamericanos, nos demuestran a las claras que siempre después de cada
fracaso hay que empezar de vuelta, desde cero, y abandonar los viejos
dogmas, incorporar nuevos matices, nuevas herramientas, asumir la derrota y
visualizar de donde partieron. Pero al menos los derrotados “tendríamos que
dejar de conciliar”, de “coquetear con el enemigo” y no “alejarnos” tanto y
cada vez mas de los antiguos postulados u objetivos finales de cada proyecto
revolucionario, por lo menos de mínima. Si la lucha era por la revolución.
Si en cambio de abandonar el concepto de “lucha por el poder” y en vez de
reemplazarlo por otras concepciones ultra reformistas. Si en vez de mirar con
“cariño” alguna “fracción de poder, y especular con ella. Se observaría que hay
un sector mayoritario del pueblo, o mejor dicho, que en su totalidad este
sobrevive sin ninguno tipo de poder y que en definitiva no lo necesita, lo
desprecia, lo rechaza, no lo quiere. Lo odia.
Porque justamente esa ambición de poder fue lo que termino pudriendo todo.
Alentó la construcción de estructuras burocráticas y jerarquías absurdas
dentro de las organizaciones revolucionarias. Y se naturalizo el centralismo
democrático (otra farsa leninista). Las estructuras de las organizaciones
revolucionarias se transformaron en engranajes de castigo contra cualquier
crítica a la teoría leninista del “estado y la revolución”.
El gen de la derrota del pueblo en su lucha contra la burguesía, contra esa
sociedad capitalista que se quería destruir estaba, y sigue estando vivo dentro
de los partidos.
Además de lo despiadado que fue el enemigo, lo perverso de los recursos que
utilizó y de la astucia para derrotar a todo un pueblo más o menos organizado.
El fracaso de un mundo nuevo por construir estaba también en el propio
embrión revolucionario.
El desengaño visto desde hoy era inminente. No había que luchar para
reemplazar el poder por otro, no había que luchar para construir una supuesta
dictadura popular, ni un poder de la clase obrera, ni un estado socialista.
Justamente todo lo contrario. Se tendría que haber por lo menos intentado

destruir toda idea de poder desde adentro hacia afuera, desde cualquier
organismo popular. Y sobre todo intentar luchar por la destrucción total del
estado de una vez por todas, y cualquier otra.
Forma de opresión y para “siempre”.
El embrión de la derrota del pueblo está dentro de los partidos y en cualquiera
y cada uno de los antiguos, o modernos conceptos de Estado.
Habría que empezar todo de nuevo y reemplazar, desnaturalizar la política
tradicional, formal y careta del sistema por otra herramienta que nos permita
“edificar” en un futuro inmediato nuestra libertad.
Demoler de una vez y para siempre ese aparato monstruoso llamado estado y
“construir” sobre sus ruinas una nueva sociedad, de iguales, sin clases
sociales, sin opresores ni oprimidos, socialistas y libertarias o como más te
guste:
La revolución social.

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