En la película de Eduardo Manos Tijeras, hay una escena en la que todos los vehículos del
barrio de Carpenters Run, donde residen los personajes, salen y entran a la misma hora,
como en una coreografía perfectamente sincronizada, como el mecanismo de un reloj suizo.
Así es Valterna, un barrio donde ningún vecino puede permitirse el lujo de tener un pinchazo
o una avería en su vehículo, ya que este pequeño contratiempo puede poner en jaque a
todo un barrio.
Lloma Llarga Valterna se proyectó como un barrio residencial de casas de no más de 3
alturas y un número de habitantes acorde a este tipo de edificación. El afán especulativo de
las administraciones municipales hizo de este nuevo proyecto la gallina de los huevos de
oro a modo de IBI. ¿Y si en vez de tres alturas modificamos el proyecto a seis alturas
más ático, duplicamos el número de viviendas pero mantenemos las mismas
infraestructuras y servicios? De esta manera, pensando en los cuantiosos ingresos vía
impuestos y sin pensar en las consecuencias, el barrio pasó de los 2.500 vecinos previstos
a los 9.000 actuales y se gestó lo que hoy en día es el gran problema de Valterna, la
movilidad y los servicios.
Años más tarde, aquellas familias que nos trasladamos a este barrio, vemos como el
número de habitantes ha crecido exponencialmente, pasando a ser uno de los barrios más
jóvenes y con mayor densidad de Paterna, y aquellos niños hoy son adolescentes que se
encuentran en un barrio sin ningún tipo de oferta lúdica, sin un transporte público en
condiciones de satisfacer las necesidades de una población que puede doblar en número
de habitantes a muchos de los municipios de la comarca.
¿Cuánto tiempo pueden aguantar los más de 9.000 ciudadanos de un barrio grandes
carencias de infraestructuras, equipamientos e inversión en general por parte de las
administraciones? ¿Y la falta de solución a un gravísimo problema de seguridad en
colapsos de tráfico diarios? ¿Y ser completamente ignorados por su Ayuntamiento? La
respuesta es un número redondo: 20 años. Foyos, Montserrat, Almàssera, Villanueva de
Castellón, La Pobla de Farnals, San Antonio de Benagéber, son, entre otros, municipios de
una población similar al barrio Lloma Llarga-Valterna. ¿Alguien se podría imaginar que
estos municipios no dispusieran de policía local, que instalaran un mini consultorio médico
en el único centro cívico, que la mitad de los habitantes solo tuvieran una calle de un
sentido para salir del pueblo, que los estudiantes de ESO tuvieran que irse en autobús fuera
del municipio? Sería un monumental escándalo y algo inimaginable. Pues bien, todas estas
cosas, difíciles de creer, están pasando en Lloma Llarga a lo largo de dos décadas.
Sin embargo, no es solo culpa del actual consistorio, la responsabilidad recae en los últimos
cinco que han dirigido el municipio en estos años. Y no solo en estos equipos de gobierno,

sino que todos los partidos representados en el Ayuntamiento de Paterna, en mayor o
menor medida y con honrosas excepciones, han soslayado la importancia de los problemas
y carencias de Valterna.
Por desgracia, no parece que vayamos a mejorar nuestra situación a corto plazo. Ante los
problemas de movilidad e infraestructuras, el ayuntamiento ve con buenos ojos la
construcción de un ecobarrio de 1.200 viviendas pegadito a Valterna (en 2017 se negaban
rotundamente), y volvemos a caer en el mismo error del principio, 1.200 viviendas = IBI, y
aumentamos la población a 75.000 habitantes para declarar Paterna como gran ciudad, y se
hace caso omiso a la angustiosa necesidad de una nueva salida del barrio. Además, se
concentran en nuestro territorio tres centros educativos de titularidad privada y uno público
(, Camarena-Valterna, Liceo Francés, El Armelar y el CEIP 9 Lloma Llarga); pues por si no
era suficiente, se construye otro más (Imagine Montessori) a escasos metros para abundar
en la materia. En este sentido, la población escolar adolescente crece al ritmo de los años y
se necesita un centro de secundaria público para absorberla de una forma ecuánime y justa;
en lugar de esto, se desoyen las peticiones de la ciudadanía y no se considera seriamente
desde el ayuntamiento apoyar esta demanda social más que justificada. Y, por último, para
que los vecinos y vecinas se reúnan a trabajar por el barrio, a la AV Lloma Llarga-Valterna
se le niega una y otra vez un local donde realizar sus actividades; al tiempo que el Club de
Lectura de la Asociación tiene que realizar en cafeterías sus encuentros ya que carecemos
también de agencia de lectura.
Y con este panorama, ¿qué podemos hacer los habitantes de este barrio? Desde luego, no
debemos dejar que nuestras necesidades se diluyan en comentarios en redes sociales,
cervezas al amor de la calle peatonal o pataletas en las zonas comunes. Sería una pena
que toda esa energía no la canalizásemos de una manera mucho más precisa y eficaz para
que desde el Palau se observe con la oportuna atención lo que aquí acontece.
Lloma Llarga Valterna adolece de un grave problema. Esperemos que un día cualquiera, en
uno de los atascos habituales, no tengamos que precisar de unos servicios de urgencia que
no serán capaces de llegar a su destino por un barrio colapsado. No nos valdrá el “No se
podía saber”. Sí, lo sabían, lo saben y lo sabrán, y ahí estará siempre la Asociación
Vecinal Lloma Llarga Valterna para recordárselo.
Son muchas las chispas que pueden incendiar un barrio que, durante décadas, ha esperado
de su ayuntamiento la solución a sus problemas, pero cuando una chispa salta a un
polvorín, con una situación que los vecinos no pueden ni deben soportar, el resultado puede
ser incierto.
Esperaremos en el barrio de Lloma Llarga Valterna, la llegada de algún Jhonny Deep en
forma de Eduardo Manos-Tijeras, que cambie o altere la monótona falta de servicios e
infraestructuras en nuestro barrio.

2 COMENTARIOS

  1. Creo que la asociación de vecinos debería meter más presión al ayuntamiento, ya sea inundando con instancias, firmas, redes sociales o con alguna sentada delante del ayuntamiento. Se tiene que notar la cantidad de gente que hay en Valterna y lo que pagamos con respecto a otros barrios.
    No se oye a la asociación levantar la voz.

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