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José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista, sección argentina de la UIT-CI
13/3/2023.
El viernes 10 de marzo se produjo la quiebra del Silicon Valley Bank. Desató un
tembladeral durante todo el fin de semana y una fuerte caída de las
cotizaciones de los bancos en las bolsas de todo el mundo. Una nueva señal de
un capitalismo imperialista en crisis crónica. Sea cual sea el desenlace de ese
episodio, los grandes capitalistas intentarán que sean la clase trabajadora y los
pueblos del mundo quiénes paguen los platos rotos.
El Silicon Valley Bank era una entidad financiera especializada en financiar a
empresas tecnológicas, tanto grandes corporaciones como las más pequeñas y
emergentes startups. Era el banco número 16 en tamaño en los Estados
Unidos. Su quiebra es la segunda en tamaño en toda la historia de los Estados
Unidos (la mayor, en 2008 fue la de Lehman Brothers, en el pico agudo de la
crisis en ese momento). 
Más de la mitad de las empresas tecnológicas de la región del Silicon Valley en
el estado de California, tenían dinero depositado en dicho banco, entre ellas la
inmensa mayoría de las denominadas “startups”. 
Ante los rumores sobre la caída del banco, se produjo una corrida entre jueves
y viernes pasado, donde se retiraron 42.000 millones de dólares. Finalmente,
la Reserva Federal yanqui terminó declarando la quiebra. La Corporación
Federal de Seguros de Depósitos de los Estados Unidos, entidad estatal, quedó
como “liquidador” y a cargo de los 175.000 millones de dólares en depósitos.
El problema era que los depósitos sólo están garantizados hasta 250.000
dólares por cuenta, cubriendo sólo al 7% de los mismos. 
¿Por qué había tantos depósitos voluminosos en las cuentas del Silicon Valley
Bank? Porque la mayoría pertenecía a nuevas empresas tecnológicas, las
llamadas startups. Una startup es una empresa nueva, en general pequeña
que, por ubicarse en el rubro de las nuevas tecnologías, aspira a crecer muy
rápidamente. Recurren al capital de terceros, sean especuladores, otras
empresas grandes o bancos. Muchas veces, las startup tienen dificultades para
conseguir financiamiento de los bancos más tradicionales, ya que no cumplen
los requisitos de seguridad. El Silicon Valley Bank era un banco especializado
en dar estos créditos de “riesgo”. 

Las startup no suelen tener muchos ingresos: pagan a sus empleados y otras
facturas con el efectivo que recaudan vendiendo acciones a los inversores de
riesgo. Y guardan el dinero recaudado excedente en algún lugar. Muchas de
ellas lo tenían en cuentas del Silicon Valley Bank, ya que era ese mismo banco
el que les había otorgado préstamos que otros bancos más importantes le
habían negado. 
Una burbuja que se desinfla
Lo que sucedió fue un nuevo capítulo de los típicos estallidos de burbujas
especulativas. En 2021, estas empresas tecnológicas de capital de riesgo
habían logrado financiamiento por 330.000 millones de dólares. Todo en un
contexto donde, luego de la pandemia, se expandían aceleradamente. Pero
luego sucedió que sus negocios no resultaron tan rentables, y empezaron a
achicarse (una de las manifestaciones de ello es el despido de centenares de
miles de trabajadores de todas las empresas del sector tecnológico). Al mismo
tiempo, la Reserva Federal empezó a subir la tasa de interés para tratar de
bajar la inflación, encareciendo el crédito. 
El Silicon Valley Bank, por su parte, había colocado en bonos del Tesoro a 40
años los depósitos en su poder. Cuando la Reserva Federal subió la tasa de
interés, los viejos bonos, con tasas más bajas, perdieron valor y su cotización
empezó a caer. Los depositantes de las empresas tecnológicas, al enfrentarse
al hecho de que sus negocios no eran rentables, trataron de retirar el dinero de
los bancos. Pero el banco no podía pagarles: sólo tenía esos bonos devaluados
como contrapartida. El Silicon Valley Bank trató de vender sus propias acciones
para recaudar efectivo, pero estas también empezaron a caer. Ahí se dio la
corrida y la quiebra. 
La quiebra del Silicon Valley Bank es una consecuencia entonces, de la subida
de tasas de la Reserva Federal, que, con el objetivo de bajar la alta inflación
yanqui, está dispuesta para ello a avanzar hacia una recesión. Con altas tasas,
el dinero es más caro y escaso, y eso desata corridas como la que terminó con
el Silicon Valley Bank. Pero también es consecuencia de que está desinflando la
burbuja especulativa de las empresas tecnológicas, y cada inversor trata
desesperadamente de rescatar su dinero. 
Bancos sin control
Una pregunta pertinente es porqué se permitió al Silicon Valley Bank tener
semejante exposición al riesgo, jugando con los depósitos de sus clientes
depositándolos en bonos que terminaron perdiendo valor. La respuesta es que,
en 2015, el gobierno de Donald Trump había desarmado casi todas las

regulaciones que se habían creado en la crisis de 2008 para evitar que ello
volviera a suceder. Fue justamente Greg Becker, el presidente del Silicon Valley
Bank, el principal lobbysta en el Senado yanqui para que se redujeran las
regulaciones a los bancos con capital menor a 250.000 millones dólares (en
ese entonces todo banco con activos superiores a 50.000 millones de dólares
estaba sometidos a fuertes controles). Al flexibilizarse los controles, cientos de
bancos, entre ellos el Silicon Valley Bank, quedaron con las manos libres para
todo tipo de maniobra especulativa. 
La quiebra del Silicon Valley Bank ha afectado a un gran número de empresas
tecnológicas de diverso tamaño, que, si no recuperan su dinero, no están en
condiciones siquiera de pagar los salarios de este mes. Tal el caso de Roku
(dispositivos de streaming de bajo precio), Circle (tecnología de gestión de
pagos electrónicos), Roblox (plataforma de juegos en línea), BlockFi
(prestamista de criptomonedas), Compass Coffee (cafetería on line), Camp
(juguetería on line), Axsome Therapeutics (farmacéutica), Rippling (gestión de
pagos), entre las más importantes.  
¿Primer paso hacia otro crack?
La caída del Silicon Valley Bank es, sin duda, la que hizo más ruido. Pero
previamente ya se había producido la quiebra del banco especializado en
criptomonedas Silvergate y este lunes la propia Reserva Federal tuvo que
declarar el cierre del Signature Bank.
El lunes cayeron las cotizaciones de todos los bancos en las principales bolsas
del mundo, temiendo un efecto contagio. Empiezan a aparecer ramificaciones
de afectados fuera del área de las empresas del Silicon Valley. Empresas
tecnológicas de Israel y la India aparecen involucradas. También en Gran
Bretaña, donde trascendió que el HSBC habría adquirido la sucursal británica
del Silicon Valley Bank por sólo una libra esterlina. 
Buscando evitar que el pánico se extienda, hubo un comunicado conjunto de la
Reserva Federal, el Departamento del Tesoro y la Corporación Federal de
Seguros de Depósitos, garantizando que todos los depósitos serían pagados. El
propio presidente yanqui Joe Biden tuvo que salir a defender al sistema
bancario, planteando que habría nuevas regulaciones, tema difícil de
implementar con la actual composición del Congreso norteamericano. Sin
embargo, ninguno de estos anuncios logró llevar tranquilidad, y al cierre de los
principales mercados de este lunes seguía la incertidumbre. 
No podemos anticipar si ya estamos ante un nuevo crack del tipo que vivió el
capitalismo imperialista en 2008, o si los grandes banqueros, los gobiernos

imperialistas y los organismos financieros internacionales lograrán controlar la
situación. Lo que sí podemos afirmar que esto que está sucediendo no es más
que un capítulo más de una crisis crónica del capitalismo imperialista que ya
lleva medio siglo con innumerables situaciones de este tipo, muchas de las
cuales terminaron en crisis agudas globales. Y que en todos los casos
comenzaron por el estallido de burbujas especulativas generadas por
ganancias ficticias, ante el hecho concreto de que en el capital productivo las
tasas de ganancias siguen a la baja. Hay billones de dólares colocados en la
especulación financiera, bursátil, inmobiliaria, en negocios de la nueva
tecnología totalmente sobredimensionados o en el sube y baja de las
criptomonedas. Que en cualquier momento puede estallar. Y luego, como
siempre, se tratará de que la crisis la paguen los trabajadores y los pueblos
sometidos del planeta. 
Todo esto no es sino una muestra más de porqué el capitalismo no va más, ya
que sólo tiene para ofrecer crisis, hambre, miseria y saqueo. Es más necesario
que nunca que gobiernen las y los trabajadores, en el camino hacia el
socialismo

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