Inicio Ángeles Sanmiguel La Capital Verde Europea 2024 que tala árboles

La Capital Verde Europea 2024 que tala árboles

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València, enero  de dos mil veinticuatro, primera hora de la mañana, la infancia escolar se asusta con el chirrido de la motosierra encargada de descuartizar ocho moreras de cuarenta y un años que embellecían y oxigenaban un entorno urbano ahora inmerso en la “supermanzana” de Orriols (ocho mil setecientos metros cuadrados intervenidos en los que algunos árboles de menor volumen también han desaparecido). Ejemplares que ofrecían sombra  en verano, cobijo de fauna urbana y realce de la fisiología metropolitana ya no existen.  ¿Por qué sentenciar a la ciudadanía  a vivir en una sartén talando árboles sanos? Individuos de copa densa son capaces de reducir la temperatura ambiente  en un ochenta y dos por ciento. Ahora, sin estas ocho moreras de casi de medio siglo de edad, las fachadas  padecerán los rigores de la  insolación. ¿Proceso participativo, cuándo, cómo, con quién?

“Señora aquí no puede estar. -¡Me da igual!-”. Una vecina  al enterarse del ecocidio abrazaría  por última vez a las ocho víctimas  que perderían sus vidas alineadas, inmóviles ante el cadalso, esperando la tortura desde las ramas más altas hasta las raíces. Es innegable que no tener voz, no tener movilidad y tratar de sobrevivir  acoplándose a escasos medios es estar siempre en el filo de la navaja y al albur de malabaristas del fraude, de mercachifles de la  vida ajena, de traficantes egoístas, y de Pinochos revenidos. “No quisiera tener tu trabajo”, le espetaría la vecina al encargado, otra mujer contrariada por el atropello acercándose a “un señor que estaba con las manos en los bolsillos, esos son los que no hacen nada” exclamaría “¡pero ¿y esto?! ¿van a cortar todos? ¡Sí, claro! toda esta fila va fuera, pero, si estos árboles tienen más de treinta años, oiga voy a poner una queja al Ayuntamiento. Señora, cuando la queja llegue, los árboles están ya todos cortados”.

¿Dónde queda esa defensa a ultranza de la descarbonización en tiempos de urgencia climática? Anualmente un árbol absorbe ciento cincuenta kilos de CO2 según informa la ONU, en España mueren por contaminación del aire veinticinco mil personas y en Europa trescientas mil, una acacia de tres espinas contrarresta las emisiones de ciento sesenta y dos vehículos. ¿Dónde el microambiente imprescindible para la salud si no se respeta el “verde urbano”? ¿Dónde quedan las ordenanzas municipales de protección del arbolado cuando hay intereses de por medio?  Cajones, papeleras digitales, trituradoras de documentos y archivos, legislatura tras legislatura, echan humo escondiendo todo lo que sea de menester. ¿Por qué  árboles y vegetación viaria  siempre constan  en los presupuestos  como  “partida suntuaria” nunca como estructural? En Burjassot, “en Godella, en la Torre del Pirata,  vendieron un trozo para los que molan se hicieran su chalets”, en La Canyada (Paterna) es impenitente la violencia medioambiental rubricada consistorialmente en “talas indiscriminada” y la  destrucción del paraje natural de Les Moles. ¿Qué decir de diminutos alcorques para magníficos ejemplares, taponados, en la plaza del Ayuntamiento? Y nadie olvida la brutalidad cometida contra un bosque urbano centenario en el centro de Valencia, los árboles de Bailén, caídos bajo la excavadora, con premeditación, alevosía y en plena campaña por su defensa. En la Gran Vía Germanías  cuando  los “sillones” de aquél momento priorizaron la  contaminación  no dudaron  en  matar cuanto verde, ya fuese arbusto, planta o arbolado recorría  la vía central, entonces  un colectivo vecinal  lloró mientras  todo aquél  vergel  desaparecía.

De consenso general es que los árboles son cosas por lo que tanto oficialidad como ciudadanía  pegan carteles en los troncos favoreciendo el crecimiento de hongos (calle Salamanca, parque de Orriols, aledaños de Alfahuir). Cabe mencionar los veintiséis ejemplares arbóreos ancestrales  (melias y cipreses) talados frente a la Lonja  y el Mercado Central en dos mil veintiuno, y no pasó nada, curiosamente a principios del siguiente año ya se publicitaba, a bombo y platillo, la candidatura de València para los European Green Capital Award. Un cedro protegido de dieciséis metros, vivo, imponente, bellísimo, fue talado también en dos mil veintiuno junto a otros árboles en la plaza de la Reina ¡siempre por peatonalizar! construyendo espacios duros. “La moda de las jardineras propicia un caso ridículamente extremo, un canto a la insolvencia profesional de unos diseñadores urbanos  que piensan que un gran árbol puede vivir  dentro de una maceta”, sentencia  el socioecólogo  y empresario de las nuevas técnicas sostenibilistas Ramón Folch.

¿Hasta qué punto de imbecilidad se ha llegado  que se ignora  la necesidad de los árboles en las urbes para  contrarrestar  el crecentismo y sus toxicidades? La ambivalencia de la opinión pública, indudablemente, es comodín utilizado por gobiernos esbirros de constructoras, cementeras, inmobiliarias, proyectistas y demás. Cartografías urbanas se dibujan a medida  mientras presupuestos ad hoc consiguen la adjudicación concursal de un proyecto diseñando desde otras latitudes. ¿Dónde irán a parar los  seiscientos mil euros  que conlleva  el título de Capital Verde Europea  para Valencia? ¿Se tiene en cuenta que el área mediterránea  es árida o subárida? En el estado de California el agua reciclada se utiliza para regar campos de golf y jardines, ¿y aquí? Ocho moreras  que buscaron el sol alzándose  a muchos metros del suelo, que cobijaron nidadas de gorriones y alimentaron con sus hojas a los gusanos de seda que niños y niñas cuidaban en sus cajas agujereadas descubriéndoles otro mundo más allá  de la tecnología  y los centros comerciales, ya no existen, son leña, ¿para quién? Mínimos alcorques,  irrigación insuficiente, tratamientos fitosaitarios invasivos, podas inadecuadas, abonos escasos o nulos muestran las desconsideración para con menospreciados seres vivos arbóreos ¿Dónde y cuándo se plantarán los tres obligados ejemplares por cada árbol talado?

“Árbol salvado por los vecinos, ya no se tala!!!” (carteles frente al museo Antropológico madrileño). “¡Arboricidio, despertemos!” (programa radiofónico ECO Leganés en Madrid). “No a la tala”.  “Podas sistemáticas en Gijón”. “Camas (Sevilla) ya no huele a azahar”  talaron los naranjos. Tras la reciente destrucción de los “gigantes de Atocha”, Alianza Verde “ha llevado  a la Fiscalía de la Comunidad de Madrid una denuncia por la tala de árboles  del Paisaje de la Luz” (cuatro cedros del Himalaya) por “un delito  contra el paisaje, contra el urbanismo, contra la naturaleza o la destrucción de estos árboles centenarios”. En una población india  por cada niña que nace se plantan once árboles. “Un “estudio confirma que los árboles tienen sentimientos, hacen amigos”. Junto a las abusadas Tablas de Daimiel troncos de árboles  se asfixian  pintados semejando  grandes lápices.

En paralelo a la titularidad otorgada a València en función de los denominados  objetivos de Desarrollo Sostenible  de la Naciones Unidas, el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París, la realidad  es que  la turbia tala de árboles urbanos sigue siendo un hecho. Sin citar  las masacres que  se proyectan  para macro instalaciones de placas solares y torres  eléctricas donde no se salvaran ejemplares milenarios catalogados para los que actualmente se recogen firmas, o la devastación ocasionada por la gigafactoria  Volkswagen y su correspondiente  planta solar  que ocupará más de quinientos campos de fútbol. ¿Qué consciencia ambiental  se promueve   cuando  la indefensión cae bajo los manejos  de grandes operadores? ¿En qué ha quedado esa “huerta milenaria” con la que  se llenan la boca  a la hora de  acaparar subvenciones transnacionales? Ecologistas en Acción denuncia talas de pinos sanos en localidades como Andilla. ¿Realmente se busca  reducir  las emisiones de carbono  cuando se contaminan, roban y comercializan las aguas  y asola la vegetación?

“Ajardinar  sus grandes avenidas y los parques de la ciudad” se lee como propósito en la página de CEMAS del Ajuntament de València. ¿? Ciento treinta árboles  se prometieron para Orriols en campaña electoral, ¿por qué no se dijo que sentenciaban a muerte a los existentes?  Una vez instalados en los “sillones” todo es irrelevante más allá de conservar la cabeza sobre los hombros en ese tormentoso turno de jerarquía local donde lo firmado por el anterior colorín, taladores de pro, sin duda será superado para mayor honra de su estirpe por el siguiente.

“Están haciendo unos atropellos brutales, en Alicante, en Valencia, en Moraira, obviamente no me entero de todo , pero es una pasada, ten en cuenta quien lleva ahora mismo Parques y Jardines en València, imagínate lo que le importan los parques y los jardines, están haciendo barbaridad y media” comenta  Mónica. Primero matar, luego preguntar.  ¿Por qué no hay alternativas técnicas para estos “arboricidios”? Pinos, chopos, moreras, naranjos, jacarandas, arces, ginkgo asiáticos, robinias,  encinas,  plátano de sombra, melias, caquis,  cinamomos,  árboles del amor, olmos,  palmeras, sabinas, árbol de las orquídeas,  enebros, higueras, limoneros, fresnos, árboles de la lana (baobab, “braquiquito” en valenciano),  acacias, tejos, carrascas (con sus codiciadas trufas), robles, quejigos, alcornoques, olivos,  chopos, álamos, sauces, avellanos, algarrobos, castaños, palmitos, laureles, ficus, magnolios. ¿Por qué en los proyectos “estrella” municipales no se  considera la longevidad, características y necesidades de los árboles? “Merecemos una València más verde”  declaraba la responsable del área en dos mil diecinueve, ahora con el dinero  europeo en la faltriquera y la publicidad cegando esta desastrosa realidad, el pueblo tendrá que tragar otra nueva dosis de desnaturalización. Jules Michelet historiador francés del siglo diecinueve afirmaba “que quienes quieran  atenerse a lo actual, no comprenderán lo actual”.     

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