La llamada “tasa rosa” es una suerte de gravamen oculto en determinados productos que, por su definición y características, suelen diferenciarse de una forma fundamentalmente estética, en función de que vayan dirigidas a un público masculino o femenino. La diferencia que se suele advertir en los productos suele ser su color, tradicionalmente rosa para las mujeres y azul para los hombres. De aquí, el nombre “tasa rosa” o “pink tax” en su denominación inglesa.

Desde Podem consideramos que este aumento del precio supone una tasa de género que discrimina a las mujeres, ya que hace que paguemos un precio mayor sin que las modificaciones en el producto lo justifiquen y por el simple hecho de estar dirigido a ellas. Ese incremento no viene dado por una mejora de las prestaciones de un producto concreto, un mayor coste de producción, etc., sino que en un análisis solvente es demostrable que la diferencia entre unos y otros productos está centrada en el color o la denominación.

Resulta, por tanto, evidente que existe una problemática en torno a esta cuestión, que afecta a derechos fundamentales de las mujeres como la igualdad y la dignidad, así como a derechos básicos como personas consumidoras y usuarias. Todos y todas tenemos derecho a recibir información veraz y adecuada sobre el precio de los productos y servicios que adquiramos, pero en el caso de la “tasa rosa” nos encontramos con un aumento inexplicable del precio de determinados productos que no se entiende por la persona consumidora –muy probablemente por responder a intereses inconfesables o que violan los derechos de las personas consumidoras y usuarias reconocidos en la legislación vigente-

Sus consecuencias son además más negativas para la economía de las mujeres, si conectamos con el dato de la brecha salarial entre hombres y mujeres, que en la Comunidad Valenciana alcanza el 30,3%, 3 puntos por encima de la media nacional.​

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